Sumario

 

Página
Editorial: Virajes 2
Poesía regional: Bruno Leonel Méndez 3
          Yo hablo demasiado | Tomás Watkins 4
          Equilibrio | Héctor Kalamicoy 5
Entrevista: Palabra viva | Lobo suelto, oveja descarriada 6 - 7
Poesía  
Plena gracia : Ricardo Costa 8
Mutar | Chiro 9
La calesita | Américo 10
Programa de radio para fomentar el placer de la lectura 12
Apología de Sócrates 12
Descripción de un beso | Julio Cortázar 13
Rubro poetas: Qué somos 14

 

 

 

 

 

 

 

Página 3

cuerpo sin brillo,
sin huella,
sin cuerpo

cuerpo desecho de tiempo

cuerpo marioneta del cuerpo
que flota en la marea de los pájaros

cuerpo que calla en el humo

cuerpo que enciende los pinceles ajenos,
                                        marca un camino aleatorio
                                                                      y se escapa


Bruno Leonel Méndez

punción de aire y sed
/ sedimentos de mis labios en tu espalda/

se hace indispensable volver a tus huesos

bestias ciegas la caricias
navegándose el aliento

sigo buscando
                                        el mapa genético del cuerpo que fuimos

Bruno Leonel Méndez

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Página 8 - Plena gracia

No repartieron bien.
No repartieron por igual las bondades
que nos prometieron.
A mí me tocó una nueva vida, otro nombre
y los bienes materiales de quien tuve que ser
día tras día hasta el momento de mi muerte.
Claro que nunca nos fue dado el tiempo suficiente
para decirles a los demás lo estúpido que fue
creer que los peces eran muchos y que el pan
superaría la demanda.
Después de muerto, una vez por semana
viene a visitarme mi hijo.
Allí, de pie y junto a mi tumba, confiesa arrepentimientos
que podrían llevarse a la boca de su hijo para alimentar
una fe que él debería salvar.
Ahora que los observo desde esta altura
veo que no fue justa la entrega.
Sé que esa nueva vida y el hijo de su hijo
regresaran años después para detenerse una vez por semana
junto a un hombre hecho polvo,
junto a un hombre repetido en lo profundo
que calla lo que él necesita decir
en este momento.

Ricardo Costa

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Página 10 - La calesita

La gran travesía comenzó en un punto incierto, cuando cabalgando, me encontré. Calzaba justo en la plateada montura, sujeto sólo de la negra crin, sentía a mi corcel tan alto, sin embargo, mis pies rozaban el suelo, flameando con el movimiento. Tan libre me sentía, pero un deseo me embargaba, quería conocerlo. No sabía qué era, con su forma circular, como un sombrero dado vuelta; luces, sonidos, palancas, me elevaba de pronto, bajaba sin aviso.
Supe que el tiempo otro significado tenía cuando conduciendo un perfecto Ford A me encontré. Esos focos, esas ruedas, confortable, sereno, todo lo que un buen gentleman deseaba, me llevaba de vuelta a mi casa.
Hoy sólo me queda una sortija, y esos recuerdos imborrables, cómo surqué los mares en el lomo de ese delfín, o el guiño de ojo que me dio ese lobo cuando acaricié sus orejas.
Cuándo volverá el día, la oportunidad de recuperar otra sortija...

Américo

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Página 12 - Apología de Sócrates

    Cuando se juzgó a Sócrates para condenarlo a muerte acusándole de impío (y lo era, sin duda, como todos los hombres que insisten en pensar en por sí mismos), dijo al tribunal: “Yo soy el Tábano que Dios ha puesto en esta ciudad, y todo el día y en todas partes estoy sobre vosotros despertándoos, persuadiéndoos y reprobándoos. No os será fácil hallar otro como yo y por lo tanto os aconsejaría que me absolvieseis…Si me matáis imprudentemente permaneceréis dormidos durante el resto de sus vidas, a menos que Dios se cuide de enviaros otro tábano”.
    Más tarde, después de la sentencia de muerte, vuelve sobre este tema: “Digo que el mayor bien del hombre es discurrir diariamente acerca de la virtud y de otras cosa que me habéis oído discutir examinándome a mí y a los demás, pues la vida que no se examina no es digna de vivirse…Habéis hecho esto (se refiere a su condena) pensando que os libraríais de tener que dar cuenta de vuestra vida”.
    No nos debe extrañar que lo atenienses matasen a Sócrates Pertenecía a la primera generación de la historia occidental que afirmó el derecho absoluto a la libertad de pensamiento y de crítica y a la libertad para poner en duda los más íntimos prejuicios de los hombres. Como aún seguimos condenados a nuestros tábanos, debemos admirarnos de que el primero de esa larga fila de aventureros del espíritu llegase a vivir hasta los setenta años.

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Página 13 - Descripción de un beso

Capítulo siete (Rayuela)

    Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Julio Cortázar

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